Experto en Habilidades Blandas: Cómo el AMOR mueve EMPRESAS ►🎙️con Fernando Merino 🔴
Hoy en @exploramkt hablaremos con Fernando Merino, facilitador experto en habilidades blandas, socio-fundador de La Licuadora, Escuela de Convivencia Humana, con la que conecta a trabajadores, equipos, estudiantes o grupos a través de experiencias transformadoras. Él nos cuenta cómo nació su curiosidad por hacerse preguntas, el juego, su pasión por el fútbol, su espiritualidad cristiana, la educación experiencial y la medicina que tiene para el mundo: llevar la felicidad a los humanos. Además, nos hablará de experiencias, viajes, aventuras y anécdotas increíbles.
El encuentro que cambió perspectivas
La historia de Fernando Merino está marcada por encuentros significativos. Hace más de 13 años, en un taller de creatividad underground en Argentina, un grupo de jóvenes peruanos se reunió con un propósito común: explorar los límites de la creatividad publicitaria. Entre ellos estaban Fernando, Franco Faura, Jorge, Jonathan y Edu. Lo que ninguno imaginaba era que ese verano argentino no solo les enseñaría sobre campañas publicitarias, sino que plantaría semillas de transformación personal y profesional que germinarían años después.
“Me siento superhonrado y me da nostalgia”, recuerda Fernando al rememorar aquellos días. “Me traslada a ese verano donde estuvimos en esta escuela underground de creatividad que para mí fue un punto de inflexión. Celebro que mis amigos, Franco, Jorge y tú, Edu, sigamos teniendo la creatividad como bandera, aunque quizá no de la forma que pensábamos en esa época.”
De las agencias de publicidad al desarrollo humano
Antes de convertirse en facilitador de experiencias transformadoras, Fernando transitó el camino tradicional de la industria publicitaria. Estudió comunicaciones en la Universidad de Lima con especialidad en publicidad y marketing, pero lo que realmente lo cautivaba eran los cursos que lo hacían pensar de manera profunda: teorías del conocimiento, antropología cultural y otras disciplinas que cuestionaban los fundamentos mismos de cómo entendemos el mundo.
Su carrera profesional lo llevó a J. W. Thompson, donde bajo el liderazgo de Fernando Iyo y Javier Graña aprendió las bases del oficio creativo. Posteriormente, trabajó en Mayo DraftFCB con el “Chini” Polar y Flavio Pantigoso. En total, pasó entre siete y ocho años en el mundo de las agencias antes de dar el salto hacia algo completamente diferente.
“Pasé de ayudar a marcas a comunicarse, a ayudar a las personas a comunicarse en su día a día”, explica Fernando sobre esta transición fundamental en su carrera.
La anatomía de una idea creativa
Durante aquel taller en Argentina surgió una anécdota que revela mucho sobre el proceso creativo de Fernando. El desafío era crear una campaña para una marca de comida para perros. Mientras el grupo trabajaba en distintas propuestas, Fernando presentó una idea que dejó a todos mirándose entre sí con reconocimiento inmediato: era LA idea.
¿Cómo surge ese tipo de chispazo creativo? Fernando es claro al respecto: -“Creo que son chispazos, pero también me gusta mucho hacerme preguntas. Soy alguien que se hace muchas preguntas y creo que esa capacidad de preguntarme cada vez con menos miedo me regala escenarios diferentes.”
Esta filosofía del cuestionamiento constante tiene raíces profundas en su historia personal. Fernando comparte una anécdota reveladora: cuando su madre fue sometida a una cirugía donde le extirparon un ovario, una enfermera le dijo con pesar que no podría tener hijos. Meses después, Fernando nació. “Eso me mostró qué importante es cuestionarte lo que algunos te hacen creer que es la verdad. Y creo que eso tan profundo tiene que ver con cómo pensamos ideas creativas.”
El nacimiento de La Licuadora
La transición de Fernando hacia el trabajo con equipos y desarrollo humano no fue accidental. Después de su experiencia en publicidad, viajó a Colombia donde vivió durante dos años en un proyecto de liderazgo. Allí estudió educación experiencial y conoció a Alejandro, psicólogo organizacional que eventualmente se convertiría en su socio.
Trabajaron junto al padre Alberto Linero, una figura reconocida en Colombia, diseñando experiencias pedagógicas de desarrollo humano y grupal. Cuando Fernando sintió que su tierra lo llamaba de regreso, tomó una decisión valiente: no quería resignarse a hacer algo que no lo hacía feliz.
“Hablé con Alejandro y dijimos: ¿por qué no abrimos una empresa donde hagamos estos talleres de convivencia humana, de conexión de equipos, a ver qué tal nos va?” cuenta Fernando. “Lo que hacemos es que la gente se integre, se conecte, se mezcle desde su ser humano, desde su esencia, para que salga algo mejor.”
El nombre “La Licuadora” no fue casualidad. Fernando quería algo memorable, fresco y que fuera en sí mismo una metáfora de lo que hacen: mezclar a las personas para que salgan mejor conectadas. “Quería un nombre que sea memorable, que sea fresco como lo que hacemos, y que sea una figura, un símbolo que de por sí haga lo que nosotros queremos hacer.”
Por supuesto, el nombre ha generado situaciones hilarantes. Desde guardias de seguridad en edificios corporativos que los miran con confusión cuando dicen “venimos de La Licuadora”, hasta clientes que en sus emails los llaman “La Batidora”. Pero quizás lo más divertido es que Fernando está registrado como proveedor del Estado peruano y mensualmente recibe correos de instituciones gubernamentales pidiéndole cotizaciones para… licuadoras industriales.
“Es parte de los bloopers”, ríe Fernando. “Pero hace poco una cliente corporativa nos preguntó si deberíamos cambiar el nombre. Su respuesta fue contundente: ‘No, Fernando. Hay algo muy interesante en ese nombre que genera cuestionamiento y cuando entregas la idea a las personas, dicen: ah, ya entendí. Y eso es maravilloso.'”
La creatividad no es un sustantivo, es un adjetivo
Una de las batallas más importantes que Fernando libra constantemente es contra la idea de que la creatividad es exclusiva de ciertas personas o roles. En las agencias publicitarias, había “los creativos” como un departamento separado, pero Fernando cuestiona profundamente esta segregación.
“La palabra creativo no es un sustantivo, es un adjetivo que creo que lo tenemos todos”, afirma con convicción. “Por ejemplo, un cirujano que está en medio de una operación y enfrenta una complicación inesperada, tiene que sacar una solución diferente porque está lidiando en ese momento. Eso también es creatividad.”
Sin embargo, reconoce que no basta con pedirle a las personas que “sean más creativas”. Es fundamental crear el ecosistema adecuado para que la creatividad florezca. Si un líder solo escucha sus propias ideas y descarta las de su equipo, el ecosistema se vuelve menos favorable para la creatividad porque las personas se frustran y dejan de proponer.
“No solo es pedirle a un trabajador sé más creativo, sino también es cómo creamos un sistema, un ecosistema dentro de mi empresa o proyecto, para que la creatividad sea bienvenida”, explica Fernando.
El desafío de emprender: delegar sin perder la esencia
Después de siete años al frente de La Licuadora, Fernando enfrenta uno de los desafíos más comunes entre emprendedores: la profesionalización y la delegación. “Es muy difícil”, admite. “Cuando te dicen tienes que delegar, es tan como tu hijo, algo tan tuyo que crees que puedes hacerlo mejor porque lo conoces más que nadie.”
El crecimiento de La Licuadora el año pasado evidenció algo crítico: personas clave en la empresa, incluido Fernando, tenían demasiada carga operativa. Temas de cobranzas, facturación, registro como proveedores en sistemas burocráticos que consumen días enteros. “Eso le quita tiempo a personas clave que aportan valor muy importante a la empresa, no tanto desde lo operativo, sino desde lo que realmente saben hacer”, reflexiona.
Pero hay un desafío adicional en su modelo de negocio. La Licuadora se dedica a talleres y eventos donde cada facilitador aporta su “magia personal”, su talento innato que es difícil de documentar. “La gente quiere la magia de Fer, quiere la magia de Ali, quiere la magia de Dilmer, quiere la magia de Sil”, explica refiriéndose a sus facilitadores.
La solución en la que trabajan actualmente es documentar lo que se puede documentar mientras cultivan y atraen talento genuino. No se trata de crear autómatas que sigan scripts, sino de sistematizar procesos sin perder la esencia humana que hace únicos sus talleres.
Las habilidades blandas: el gran reto empresarial del presente
Cuando Fernando llega a una nueva empresa para trabajar con sus equipos, se encuentra con una realidad consistente: las habilidades blandas no son un tema accesorio, sino directamente relacionado con los objetivos de negocio.
“Si tienes un equipo donde las personas se lleven mal, donde haya mucha distorsión de comunicación, hay más probabilidad de que haya menos predisposición para coordinar, para colaborar, para proponer ideas o cuestionar ideas, y eso afecta la operación”, explica Fernando. “Las empresas son personas que tienen que coordinar, que tienen que sincronizar.”
Para ilustrar este punto, Fernando propone un ejercicio simple pero poderoso: piensa en alguien con quien te sientes muy conectado. Si te pidieran colaborar con esa persona, dirías que sí inmediatamente. Ahora piensa en alguien con quien tu conexión es mínima, tal vez un 5% o 10%. Si te pidieran colaborar con esa persona, tu respuesta sería dudosa, llena de condiciones mentales.
“Esa parte de la conexión cada vez menos se ve como algo hippie, sino como una variable muy importante para los objetivos del negocio”, señala Fernando.
Uno de los retos más grandes que identifica es el tema generacional. Las empresas actuales tienen conviviendo a la generación X, millennials, generación Z, cada una con prioridades radicalmente diferentes. Para las personas de 50 años, el estatus y la seguridad pueden ser fundamentales. Para los jóvenes de 20, el tiempo libre y el equilibrio vida-trabajo son innegociables.
“No se trata de quién está bien o quién está mal. Se trata de cómo convivimos desde las necesidades diferentes que tenemos”, reflexiona Fernando. “Puedes plantear estrategias de negocio y de sistema, pero a la hora y hora son humanos relacionándose con otros seres humanos.”
La pedagogía del juego y la vulnerabilidad compartida
Una de las metodologías centrales de La Licuadora es la educación experiencial basada en el juego. Fernando es un declarado “amante del juego” y ha tenido que convertirse en su abogado, porque muchas veces se entiende el juego como trivial o infantil.
“Muchas veces se entiende el juego como el jueguito, y vienen los payasitos de La Licuadora”, dice Fernando sin resentimiento, reconociendo que las personas interpretan la vida de maneras diferentes. “Pero cada taller pensamos dinámicas nuevas, creamos experiencias, creamos juegos, y eso es uno de los espacios donde aplico mucho mi cerebro publicitario de antes.”
El juego no es un fin en sí mismo, sino una herramienta pedagógica poderosa. Fernando cita el libro “Homo Ludens” de Johan Huizinga, que plantea que la vida misma es un juego con roles, reglas invisibles y estructura.
“Es muy probable que uno viva como juegue y juegue como vive”, explica Fernando. “Si eres una persona muy competitiva en el día a día, es muy probable que cuando estés perdiendo un partido de fútbol quieras ganar a toda costa. Si eres una persona tímida, es probable que en el juego también seas tímido o te resistas al juego.”
Los juegos en los talleres de La Licuadora sirven como espejos desde donde las personas pueden observar sus propios patrones de comportamiento. Después del juego viene la reflexión: ¿qué nos gustó? ¿Qué no nos gustó? ¿Qué vemos en el juego que también aparece en nuestro día a día? ¿Cómo te sentiste?
Una de las dinámicas más poderosas que utilizan es “El Confesionario”, especialmente efectiva con grupos de estudiantes. Todos se paran en círculo y el facilitador va diciendo frases. Quienes se identifican con la frase caminan de un lado a otro del círculo. Comienza con cosas superficiales como “me gusta la torta de chocolate”, pero progresivamente se vuelve más profundo: “me gustaría tener más confianza en mí mismo.”
El impacto es revelador. “Ves al más deportista de la promoción diciendo que le gustaría confiar más en él”, cuenta Fernando. “La gente se da cuenta de que no son los únicos viviendo ciertas cosas. Ya no es solo el nombre o el número de orden, conoces un poco más la historia, el presente emocional, y eso empatiza, eso hace que las relaciones se llenen más de empatía.”
El mantra fundamental: nadie se resiste a lo humano
Después de siete años facilitando talleres, Fernando ha llegado a una conclusión rotunda: “Nadie se resiste a lo humano. Nadie.”
Muchos directores tienen miedo a este tipo de talleres, pensando que su equipo se resistirá a hablar de emociones o a participar en juegos. “Nadie se resiste a escuchar un ‘oye, gracias por esto’ o ‘me estoy sintiendo así por esto’ o ‘me gustaría pedirte esto’ o ‘juguemos y después de jugar pensemos cómo podemos funcionar mejor'”, asegura Fernando.
La segunda gran conclusión de su experiencia es que muchas personas tienen enormes ganas de ser escuchadas pero no tienen quién las escuche. No se trata de convertir la empresa en un círculo de terapia, pero sí de crear espacios donde sea válido compartir desafíos personales que afectan el desempeño profesional.
“Qué valioso que en mi empresa sepan que me está costando la paternidad en este primer año porque estoy durmiendo nada”, ejemplifica Fernando. “Qué valioso que al menos lo sepan para que si me demoro 10 minutos en entregar un informe, al menos me pregunten cómo estoy.”
Fernando también comparte un hallazgo importante de la investigación sobre equipos de alto desempeño: por cada interacción de feedback correctivo (“deberías mejorar esto”), hay tres interacciones de reconocimiento (“bien hecho”, “me gustó lo que hiciste”, “buen esfuerzo”). Este patrón no es casual, es constitutivo de los mejores equipos del mundo.
Espiritualidad, cuestionamiento y el libro que debía escribir
La dimensión espiritual de Fernando es inseparable de su trabajo. Su encuentro con el mensaje de Jesús lo apasionó profundamente, especialmente la invitación a cuidarnos como hermanos, a tener el amor como motor de la vida. Esta “utopía” de cómo sería el mundo si optásemos por el amor, el cuidado y la inclusión es lo que fundamenta filosóficamente La Licuadora.
Sin embargo, Fernando también ha vivido profundas crisis con la experiencia cristiana institucional, particularmente con cómo se utiliza la religión para fines políticos, para excluir a personas con orientaciones sexuales diferentes, o para justificar comportamientos que contradicen el mensaje original de amor.
Durante la pandemia, Fernando escribía constantemente en Instagram, a veces con posturas polémicas que generaban oleadas de “hate”. “Era terrible la cantidad de hate que recibía”, recuerda. “Pero también entiendo porque me estaba metiendo con algo que para esas personas era muy sagrado.”
De ese proceso nació su libro “Soy Cristiano pero…”, subtitulado “16 creencias que muchos estamos empezando a cuestionar porque anhelamos una iglesia parecida a Jesús.” El libro es una compilación de cuestionamientos sobre prácticas y enseñanzas que Fernando ha dado a lo largo de su vida como líder religioso, pero que a sus 36 años se pregunta si era correcto enseñar.
“A lo largo de mi vida he dado miles de charlas, miles de retiros”, explica Fernando. “He sido líder toda mi vida de la iglesia. Pero me he dado cuenta que la iglesia ha sido un espacio donde algunas prácticas han sido muy dañinas para mucha gente. Este libro es un ‘oye, antes enseñé estas 16 cosas, pero hoy me cuestiono si realmente era correcto enseñarlas.'”
Cuando se le pregunta si se siente menos religioso ahora, Fernando responde con claridad: “Le huyo a las etiquetas. Soy Fernando. Soy un ser humano, soy mi propio universo.”
Se ubica dentro de la Iglesia Católica, la ama, la cuestiona profundamente, se siente en casa en algunos lugares y como una amenaza en otros. Pero también ha bebido de la espiritualidad evangélica, de tradiciones ancestrales, de otras religiones. En un retiro reciente de comunicación no violenta en Costa Rica, conversó con Nina, una mujer de Irán que practica una religión minoritaria y habla sobre resucitar cada día, agradeciendo por esa resurrección diaria.
“Veo a la vida, a la madre vida, presente en diferentes expresiones religiosas, y en cada una me muestra algo de ella que me encanta”, explica Fernando. “Me parece ridículo decir que lo mío es verdadero y lo tuyo no es verdadero. ¿Qué nivel de prepotencia es ese?”
La comunicación no violenta: un camino transformador
Uno de los descubrimientos más recientes y transformadores para Fernando ha sido la comunicación no violenta, metodología creada por Marshall Rosenberg. En un retiro de 10 días en Costa Rica, Fernando trabajó con sus propios pensamientos intrusivos, específicamente su timidez al acercarse a personas desconocidas.
“Siempre había entendido que a esos pensamientos hay que sacarlos, separarlos, luchar contra ellos o rectificarlos”, cuenta Fernando. “Pero en este curso aprendí algo que me rompió la cabeza: esos pensamientos nacieron para cuidarte, para que no vuelvas a experimentar algo que en algún momento te dolió.”
En lugar de luchar contra esos pensamientos protectores, la comunicación no violenta propone acogerlos, invitarlos a “tomar un cafecito”, reconocer que te quieren cuidar, pero decirles que hoy quieres escuchar otra cosa. “Eso hace que todo sea más pacífico, que no estés luchando, luchando, luchando contra esos pensamientos”, reflexiona Fernando.
La comunicación no violenta también enseña que todos tenemos las mismas necesidades humanas fundamentales: sabernos útiles, tener un propósito, cuidar nuestra salud, tener una tribu. El desafío en esta época de polarización extrema es preguntarnos cómo, en medio de nuestras diferencias, podemos convivir.
“No espero que seas como yo, pero sí te pediría que cuides lo que yo necesito y yo me comprometo a cuidar lo que tú necesites, sin que eso tenga que decir que estemos de acuerdo o no”, explica Fernando sobre este camino de la vulnerabilidad.
Esta aproximación ha transformado incluso su relación de pareja. “Es muy diferente que tú seas un usuario 27 con una posición y que yo sea Fernando 28 con otra posición, a que seamos Edu y Fernando, con historias, con desafíos, con contextos. Esa humanización del escenario ayuda a que no estemos en una guerra civil, sino que haya más probabilidad de que podamos convivir de manera más sana.”
El futuro de La Licuadora: sistemas, felicidad y alcance global
Actualmente, La Licuadora opera con tres líneas de negocio: colegios (talleres para estudiantes y profesores), empresas (team building, escuelas de habilidades y eventos especiales), y la red solidaria (trabajo con ONGs, fundaciones, organizaciones religiosas, UNESCO y grupos comunitarios).
La línea de red solidaria es particularmente significativa para Fernando. No rechazan ningún proyecto por falta de presupuesto. Si una organización no puede pagar, lo hacen igual. “El ecosistema funciona porque la línea empresas nos da más recursos, lo que nos permite tener este desarrollo grande en la red solidaria.”
Actualmente están en un proceso intenso de profesionalización, sistematizando procesos, clarificando funciones, documentando tareas. “Estamos trabajando mucho en la estructura, el sistema, ver bien cómo vamos a empezar como equipo este 2026”, explica Fernando.
También están expandiendo su equipo de facilitadores. Entrenan constantemente a un grupo de alrededor de 15 personas, lo que les permite hacer cinco o seis talleres simultáneos en lugar de depender solo de Fernando y Alejandro.
Los proyectos futuros incluyen “La Caravana Licuadora” (una semana en provincias haciendo talleres gratuitos, como hicieron en Chachapoyas), y un nuevo proyecto para entrenar gratuitamente a líderes de proyectos comunitarios en barrios.
También tienen el sueño de crear una plataforma digital para trabajar con facilitadores de todo el mundo, proveyéndoles recursos y dinámicas. “Es un sueño que tenemos. Lo hemos pateado para el segundo o tercer cuatrimestre porque en este cuatrimestre es sobre todo trabajar la estructura, el sistema.”
Pero más allá del crecimiento empresarial, Fernando tiene claro su norte: “Queremos ser más felices. Queremos que el equipo sea más feliz. Yo ahora que voy a ser papá, quiero tener flexibilidad para estar con mi bebé. Queremos que nuestra gente si quiere viajar, viaje. De verdad nos importa que seamos felices en el trayecto. Eso no es utopía, es algo que ya hemos visto que es posible.”
A más largo plazo, Fernando sueña con participar en espacios de mediación global, trabajando en conflictos entre países, en diálogo interreligioso, o en proyectos como el que existe en Costa Rica donde trabajan con congresistas para ayudarles a encontrar similitudes, evitar la corrupción y reducir la defensividad.
Consejos para emprendedores: maestros, ecosistemas y felicidad
Cuando se le pide consejo para quienes están empezando a emprender, Fernando ofrece perspectivas profundas nacidas de su experiencia:
Sobre el dinero como brújula: “Que el dinero no sea tu brújula. Hemos dicho muchas veces que no a proyectos que no tienen que ver con la esencia de La Licuadora, aunque necesitáramos la plata. Trata hasta donde puedas de que el dinero o el mercado no te diga cómo hacer crecer tu sueño. Cuida la utopía, cuida el ecosistema, que el ecosistema tenga su esencia bien cuidada.”
Sobre trabajar con amigos: “No tengas miedo de trabajar con amigos. Hay formas para cuidar los vínculos. En La Licuadora trabaja mi mejor amigo, su esposa y mi esposa, y uno de los mejores amigos de mi amigo. Es más difícil a veces porque cuando hay un conflicto tienes que tener conversaciones incómodas, pero no tengas miedo.”
Sobre aceptar proyectos: “Acepta proyectos que te hacen feliz. Yo trabajo para mi club de fútbol Alianza Lima, que me encanta. A veces no priorizas el tema del presupuesto, sino el poder trabajar donde eres feliz trabajando. Hay otro tipo de recompensas.”
Sobre finanzas: “Empieza a escuchar podcasts de finanzas y de gestión. Ten en claro tus finanzas, los números de tu empresa. Sin eso no creces. Lo aprendí tarde pero bien, y todavía lo estoy aprendiendo.”
Sobre maestros: “Encuentra maestros. Eso fue fundamental para mi vida. En mis 20 encontré maestros en lugares donde quizás no ganaba casi nada de plata, pero encontrarlos hizo de mí alguien que hoy me permite tener una empresa con 10 personas en crecimiento. Si puedes no priorizar el dinero en tus 20, prioriza maestros, estar en lugares donde aprendas, experiencias que te enseñan.”
Sobre el éxito: “No olviden poner en su tabla de éxito la variable felicidad. Eso hace que el éxito se disfrute más.”
Y quizás el mensaje más importante: “Nadie sabe más de sus vidas que ustedes. Hay momentos donde el camino del emprendimiento es posible. Hay otros donde toca buscar trabajo en LinkedIn porque necesitas el dinero. Esta vena de emprendedor, esta vena creativa, la puedes vivir teniendo un emprendimiento o estando empleado en una empresa. Nadie te ha escrito el guion de tu vida. Tienes ese lienzo para escribirlo.”
Conclusión: el amor como medicina para el mundo
La historia de Fernando Merino es la de alguien que se atrevió a hacerse preguntas incómodas y a seguir las respuestas hacia donde lo llevaran, incluso cuando eso significaba abandonar caminos seguros. Desde las agencias de publicidad hasta los talleres de convivencia humana, desde la militancia religiosa hasta el cuestionamiento profundo de la fe, Fernando ha mantenido una constante: la búsqueda de autenticidad y la creencia profunda en el poder transformador del amor y la conexión humana.
En un mundo cada vez más tecnológico, más polarizado, más fragmentado, La Licuadora ofrece algo radicalmente simple y profundamente necesario: espacios donde las personas pueden ser humanas entre sí, donde la vulnerabilidad es bienvenida, donde el juego no es trivial sino revelador, donde las diferencias no tienen que resolverse en uniformidad sino en convivencia respetuosa.
“De fondo, muy de fondo, es como seguir haciéndole un guiño a Jesús y decirle: vamos a seguir humanizando este mundo”, reflexiona Fernando. Y en esa humanización encuentra no solo su propósito empresarial, sino su medicina particular para un mundo que, a pesar de todos sus avances tecnológicos, sigue necesitando desesperadamente algo muy antiguo y muy simple: amor, conexión y reconocimiento mutuo de nuestra humanidad compartida.
► Links de Fernando Merino y La Licuadora:
- Web: https://www.experienciaslalicuadora.com/
- LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/fernando-merino-6a903855
- Instagram: @experiencialalicuadora
- Instagram Personal: @fernandomerino
- Libro “Soy Cristiano pero…”: https://libreriapaulinasonline.com
Conduce: Edu Al Peirano
Producido en: @laparlante_pe
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